

Una adecuada propiocepción sería la habilidad de “sentir” los músculos que están siendo activados.
Cuando una persona realiza un entrenamiento está trabajando componentes morfológicos y neuronales (Músculos y sistema nervioso).
Por tanto, la conexión mente-músculo puede no ser otra cosa que una mejora de tu sistema nervioso. Sin una señal eléctrica fuerte y en sintonía por parte del cerebro, el músculo no podrá generar la fuerza máxima.
Una buena conexión mente-músculo implicaría 2 cosas:
-Una adecuada propiocepción. En este contexto sería la habilidad de “sentir” los músculos que están siendo activados.
-Y la habilidad de “controlar” intencionalmente el nivel de reclutamiento de los músculos en un movimiento en particular.
Lo primero es saber qué músculos están implicados en el ejercicio que estás haciendo. En un curl de bíceps es fácil, pero en ejercicios multiarticulares como en el peso muerto por ejemplo, nos cuesta más, sobretodo cuando empezamos a entrenar. Y lo primero es saber qué músculos tenemos que activar para realizar dicho ejercicio.
Si no lo logras, prueba a bajar el peso y reducir la cadencia de ejecución del ejercicio (hacerlo más lento).
Toca el músculo. Colocando un dedo en la zona que estás trabajando, puede ayudarte a llevar allí tu atención.
El mindfulness es una buen entrenamiento mental para lograr una consciencia plena y orientar la distracción hacia el foco importante, en este caso, el entrenamiento.
Una vez que llegues a focalizar el trabajo, es como andar en bici, no se olvida.